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Noticias Colegio Ceu Murcia  

«ESTAMOS CRIANDO LA GENERACIÓN DE HIJOS MÁS FRÁGILES E INCAPACES»

ene 26

Escrito por:
26/01/2017  RssIcon

Eva Millet. Periodista y autora del libro ‘Hiperpaternidad’

«Hay universitarios que llaman a su madre desde la cola del comedor porque no saben qué menú pedir»
«Se ha extendido la idea de que la familia es una democracia, y no; los padres tienen que dar órdenes»
«Hablar en plural de las actividades de los niños y sobrevolar como un helicóptero para anticiparnos son signos de ‘hiperpaternidad’»

MURCIA. Si sobrevuela alrededor de su hijo con un bocadillo para que meriende, utiliza el plural para referirse a sus obligaciones (‘tenemos examen de mates’, ‘el sábado jugamos en casa’...), rebate las directrices de su maestro, pasa las tardes de chófer repartiendo niños en actividades extraescolares o carga a su espalda con la mochila escolar según sale de clase, tiene muchos puntos para encuadrarse en la categoría de progenitor que la periodista y escritora Eva Millet ha bautizado como ‘hiperpadres’. La autora, que alerta de la destrucción de la autonomía del niño y de su capacidad para resolver problemas como consecuencia de ese modelo, ofrece esta tarde (19 horas) una conferencia sobre la cuestión, organizada por el colegio CEU San Pablo, en el hotel NH Amistad de Murcia. –Padres ‘helicóptero’ que sobrevuelan alrededor de sus hijos anticipándose a cualquier dificultad, ‘apisonadora’ que les allanan el camino, madres chófer, mayordomo... ¿Tan alarmante es el fenómeno de la ‘hiperpaternidad’? –Ese tipo de padres siempre ha existido, pero eran minoría. Ahora preocupa porque son mayoría los niños sometidos a una hiperatención constante, a la sobreprotección. Son esos padres que se anticipan a sus conflictos, que intervienen constantemente, que no les permiten resolver sus problemas porque se adelantan, y que han convertido a los hijos en el centro de atención de la familia. El niño es visto como un producto y símbolo de estatus que hay que cuidar de forma extrema. –Las consecuencias que detalla sí son alarmantes... –El problema de resolverle por sistema a los hijos todos sus problemas es que, con la mejor de las intenciones, se les termina incapacitando para hacerlo ellos. Se les termina robando la adquisición de autonomía, la capacidad de tomar decisiones y de resolver sus problemas. En las guarderías es cada vez más habitual que un niño se caiga jugando y no se levante, pero no porque se haya hecho daño y no sea capaz, sino porque se queda esperando a que alguien le dé la mano para hacerlo. –También en las universidades alertan de la incapacidad de las nuevas generaciones para desenvolverse sin ayuda. –Muchos son incapaces de tomar decisiones, hasta el punto de llamar a su madre desde la cola del comedor para que le ayude a decidir qué menú es mejor. El resultado de la ‘hiperpaternidad’ son jóvenes inmaduros, poco resolutivos, que necesitan siempre a un adulto al lado. También tienen muy baja tolerancia a la frustración; al estar siempre hiperprotegiéndolos, no les damos el derecho a estar frustrados y a buscar recursos para superar los golpes y los miedos. Es curioso que, buscando protegerles, estemos criando la generación de hijos más frágiles e incapaces. –¿Qué claves pueden ayudar a distinguir si se está actuando como padres responsables o se está cayendo en la ‘hiperpaternidad’? –Hay síntomas que resultan clave. Hablar en plural cuando nos referimos a sus actividades y obligaciones (‘hoy tenemos que estudiar Matemáticas’), cuestionar las directrices de los maestros o monitores deportivos, ayudarles a hacer los deberes, cargar con sus mochilas e, incluso, responder por ellos, y que la actividad de la familia gire en torno a las de los hijos. En el fondo, esos niños son víctimas. –Alerta también de que les hacemos demasiadas preguntas: ‘¿qué quieres cenar?’, ‘¿te apetece ir al cine?’... –Se ha extendido la idea de que la familia es una institución democrática en la que todos los miembros están al mismo nivel, pero no es así. Los padres tienen que poner las normas y hacerlas ejecutar. Eso no es incompatible con ser padres tolerantes y respetuosos. –¿Cree que el hecho de que se tengan menos hijos por familia ha tenido influencia en ese cambio de modelo? –Mucha. Los esfuerzos y atenciones que se repartían entre cinco hoy son para el 1,3 niños de media por mujer. También influye el hecho de que los hijos se tengan más tarde, cuando ya tenemos experiencia laboral, lo que provoca que apliquemos herramientas del trabajo a la crianza. La oferta abrumadora de opciones, actividades y escuelas especiales ahonda en esa competencia. –La crisis y la propia incertidumbre por el trabajo propio, ¿han incrementado la ansiedad por preparar a los hijos? –Sí, son tiempos de incertidumbre y la competencia se percibe incluso entre los vecinos, en los colegios, donde se debate sobre la mejor academia de Inglés o la mejor extraescolar. No hay que olvidar que la educación es una inversión a largo plazo, pero igual que nos hemos acostumbrado a reservar un vuelo en un momento, queremos resultados cuando los niños tienen 4 años. Los hijos se han convertido en un símbolo de estatus, queremos la casa perfecta y el hijo perfecto, y lo exhibimos después en las redes sociales. –Las agendas de los niños están tan estructuradas y ellos sobreestimulados que el aburrimiento aparece a la mínima... –El aburrimiento estimula la creatividad, cuando un niño pasa toda la tarde sin saber qué hacer es cuando termina poniéndose a pintar o a leer. Pero nos hemos empeñado en que tenemos que ser animadores de nuestros hijos, sus relaciones públicas, y se nos olvida que el aburrimiento también es parte de la vida. Es básico que se aburran y que busquen por ellos mismos un entretenimiento. –¿Se nos ha ido la mano con el refuerzo positivo? –Nos hemos pasado mucho, pero la autoestima no se fomenta adulando continuamente al niño, se logra cuando le felicitamos por un logro real. –Una vez constatado el desastre, ¿por dónde empezamos a corregir? –La base de la educación son tanto el afecto como los límites. Los niños no quieren súperpadres, quieren que se les quiera y se les guíe en el camino. Hemos de confiar más en nosotros, pero sobre todo en ellos. Un buen inicio es empezar a relajarse, a observar pero no intervenir. Y empezar por lo mínimo, que hagan solos sus deberes y ayuden en tareas de casa que son capaces de realizar, como hacerse la cama o poner la mesa.

http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx?noredirect=true

 

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